martes, 13 de marzo de 2012

Operación kilo

No, no me refiero a un proyecto destinado a perder los kilos que me sobran (muchos, muchos) para lucir mejor el bikini este verano. Ni a los millones que pienso ganar cuando me toque de una vez el Cupón del Día del Padre. Me refiero a esas campañas que organiza Cáritas o las parroquias, o más raramente alguna institución no religiosa para recoger alimentos para los más desfavorecidos.
Recuerdo cuando era una muy joven scout y participé junto con todo el grupo en una Operación Kilo por las calles de mi pequeña ciudad de provincias. Durante una mañana y una tarde, un grupo de chicos cargados con mochilas recorríamos el barrio que se nos había asignado llamando de puerta en puerta pidiendo un kilo de alimentos para entregar a unas monjas de un pueblo de las cercanías. Creo que no llegué a saber qué es lo que hacían las monjas con los alimentos que les entregamos.
Nos tocó una de las calles principales de la ciudad, con edificios relativamente antiguos, de aspecto señorial aunque algo gris, en los que, puerta con puerta, conviven gente de muchísimo dinero, de los de pasta de toda la vida, con gente muy mayor sin muchos recursos pero con un muy benévolo contrato de alquiler de renta antigua que les permite vivir en un pisazo enorme de techos altísimos por cuatro duros. Yo entonces no lo pensaba, no sabía de esas cosas, pero ahora sí, y recuerdo perfectamente quiénes eran los que nos llenaban más la mochila, nos decían las palabras más amables e incluso nos daban las gracias. 


Hace años la Operación Kilo se solía montar una vez al año, antes de Navidad, que es cuando la solidaridad nos sale más por los poros; bueno, la solidaridad o el sentimiento de culpabilidad tras las compras y comilonas de rigor. Ahora, proliferan como las setas después de la lluvia. Incluso en el instituto público donde trabajo se ha organizado una Operación Kilo, evidentemente dirigida a los alumnos que han elegido cursar Religión y a algunos profesores que nos hemos interesado por el tema. El año pasado, en mi parroquia se organizaron varias Operaciones. En 2012 se ha decretado la Operación Kilo de manera permanente: el páter y el grupo de Cáritas parroquial han hecho una llamada general para que donemos todo lo que podamos durante todo el año. La cosa está muy malita. En una parroquia pequeña como la mía, el equivalente a un pueblo pequeño, hay 50 familias que dependen de Cáritas, que les entrega alimentos y les paga algunos recibos para que no les corten el suministro o les embarguen la vivienda. Algunos son feligreses y acuden directamente a la parroquia; otros se los envían el Ayuntamiento a través de Servicios Sociales. No deja de ser curioso que las administraciones públicas, los gobiernos, no puedan hacer otra cosa por los pobres que decirles que acudan a la Iglesia, la tan criticada Iglesia.
¿A santo de qué viene esto (nunca mejor utilizada la expresión)? Por un lado, a que estamos en Cuaresma, y es una de las épocas tradicionales para los católicos en las que hacer algún sacrificio extra para ayudar a los demás. Pero sobre todo, a que tras haber leído la noticia en algunos medios y no querer creerla, me he vuelto a la fuente, el blog de un párroco madrileño, que cuenta una anécdota que no sé si es para reír, llorar o lanzar juramentos.
Resumo la historia: un grupo de voluntarios trabajando en una Operación Kilo a las puertas de un hipermercado vio a un conocido dirigente sindicalista, de ésos de las mariscadas y los cruceros. Le entregaron un folleto informativo de Cáritas y le explicaron lo que estaban haciendo. El sindicalista no dijo ni mu y entró al centro comercial. No lo vieron salir.
Quiero pensar que, haciendo suya la máxima de que la caridad ha de ser anónima, hizo posteriormente una cuantiosa donación y que, por pudor, no se identificó.

jueves, 8 de marzo de 2012

Huelga de estudiantes

Últimamente escribo mucho, pero es que motivos no me faltan.
A veces las entradas del blog te las dan hechas.
Hoy ha habido en mi pequeña comunidad autónoma uniprovincial una huelga de estudiantes Contra los recortes en la educación pública. Ésa era la consigna, que se aprendieron mejor que las declinaciones. Como tengo media jornada, yo sólo tenía hoy dos clases, con 1º y con 2º de Bachillerato, en teoría, los más maduros y los que están ahí porque quieren estar, no porque el estado les obliga. Sólo en teoría.
De 20 alumnos matriculados en mi asignatura Latín I, sólo dos han acudido a clase. Curiosamente dos alumnos que no destacan ni por su asistencia regular ni por su esfuerzo en clase. En absoluto. Uno de ellos se ha definido como "anti-huelga", lo que, me parezca bien o no, al menos significa que ha tomado una postura y ha reflexionado un poco, y ese mérito hay que reconocerlo. Creo que es la primera vez en todo el curso que ha asistido a todas las clases desde las 8,30 hasta las 14,30.
El otro alumno es un chico con muy buena cabeza cuando quiere usarla, lo que hace que se me lleven los demonios. Es de ésos que entregan el examen en blanco cuando sabes que son capaces de escribir algo más, pero que por alguna razón que se me escapa, deciden hacerlo así. No es sólo pereza, es una actitud de rebeldía ante algo o alguien. ¡Cuánto me gustaría llegar hasta él y ayudarlo! Pero en fin, a lo que íbamos. Me contó su profesora de Historia, con la que estuve tomando el café en el recreo, que ayer les dio una charla en clase acerca de lo que significa una huelga y de los derechos constitucionales. Vamos, que si haces huelga no es para quedarte en la cama, sino para demostrar algo. Agitó alguna conciencia, al menos la de este chico, que le saltó algo así como: "¡Ya me has jodido la mañana! Yo que me iba a quedar durmiendo en casa..." Y efectivamente, el muchacho fue consecuente y vino a clase.
Como eran sólo dos, preparé una clase especial para ellos que les ha gustado mucho. O eso me han dicho, y no creo que me hayan mentido. ¿Para qué?
Los chicos de 2º de Bachillerato están preparando Selectividad, y por ello, el curso acaba antes para ellos, seguramente a mediados de mayo estará ya todo el pescado vendido. No queda nada.
Además, el martes próximo (y los lunes no tenemos clase) tienen el examen de evaluación de Latín II, y lo llevan muy mal: por un lado, trabajan poco, poquísimo: y por otro, el profesor que les dio clase el año pasado era muy majo y muy colega, con su piercing y su facebook, les puso unas notas estupendas pero no les exigió nada. Así que han llegado a mis manos sin saber ni las declinaciones. Para traducir Cicerón están.
Pues son estos alumnos los que han decidido hacer huelga, todos ellos. Una de ellas sí tenía pensado acudir a alguna movilización, pero el resto dejaron muy claro que se iban a quedar en casa.
Olé.

Imagen tomada de www.eldiariomontanes.es

Lo mejor es que los chavales no tienen muy claro en qué van a consistir esos recortes, y mucho menos en qué les va a afectar. A quienes afecta en primer lugar es a los profesores, ya que aumenta la carga lectiva y se reduce el número de interinos contratados; muchos profesores se van a ver obligados a impartir materias para las que no están cualificados simplemente para ahorrar profesores (los de Sociales dando Latín: los de Economía, Matemáticas; los de Física, Informática; los de Francés, Lengua... todos éstos son casos reales). Pero esto los alumnos no lo perciben, al menos todavía, y sin embargo, van a la huelga como borregos. Intuyo un eficaz lavado de cerebro. Y curiosamente, los profesores están llevando a cabo protestas varios días por semana, pero siempre en fin de semana o por las tardes, para que no repercuta en las clases.
¿Qué os parece?

martes, 6 de marzo de 2012

Los padres de Baeza

La noticia surrealista de la semana (más allá del estudio eugenésico de esos médicos que propugna el aborto post-parto y que no voy a comentar en mi blog para no contaminarlo) ha sido la de los padres de Baeza detenidos por la Guardia Civil por detención ilegal de su hija de 16 años.
Según cuenta la noticia, los padres, que están separados, tienen un angelito de 16 años al que castigaron sin salir el día 28 de febrero, Día de Andalucía. La niña vive con su madre quien, al no poder ya con ella, pidió ayuda al padre, y éste se la llevó al chalet en el campo en el que vive. La chica se escapó y presentó una denuncia en el cuartelillo de la Guardia Civil. El resultado es que los padres fueron detenidos: papá por detención ilegal y mamá por colaboración, aunque han sido puestos en libertad con cargos y se va a investigar el caso.
Ésta ha sido la noticia principal. A partir de ella, ha surgido un aluvión de informaciones que completan la noticia y confunden al lector: que si la chica presentaba un moratón en un ojo, que si ella ha denunciado que la encerraron sola en un chalet en construcción in the middle of nowhere (no creo que ella lo dijera en inglés, la expresión es mía) y sólo le llevaban comida dos veces por semana, etc.
Una ya no sabe qué creer. Pero me resulta difícil de creer que si los padres se están separando, uno de ellos no utilice el supuesto hematoma para atacar al otro, y que además ambos presenten la misma versión a pesar de todo. También me sorprende que si ha estado una semana encerrada (el mínimo tiempo necesario para poder afirmar que te llevan comida dos veces por semana), los buitres periodísticos no hayan sacado declaraciones de amigos y profesores comentando su larga desaparición, porque imagino que tampoco iría a clase.
Igual me estoy columpiando, pero yo a esta niña no me la creo. Me suena a adolescente resabiada que quiere dar una lección a esos padres preconciliares que pretenden imponerle normas. Claro que seguramente tampoco sepa qué significa "preconciliar".
Y me puedo imaginar al agente de la Guardia Civil tomando nota de la denuncia porque no le queda más remedio, al juez abriendo una investigación, a los agentes investigando un asunto... que saben o sospechan que no es más que un cuento, pero el sistema no les permite hacer lo que les pide el cuerpo: meter una noche a la niña en el calabozo a ver si espabila, y al día siguiente llevarla a visitar un hogar de niños realmente maltratados y hablar con ellos para comprender que con ciertas cosas no se bromea.
Pero no pueden hacerlo, porque imagínate que es cierto... Se les echaría encima toda España y parte del extranjero.
Y mientras, los padres, porque imagínate que son inocentes, serán puestos bajo la lupa, examinados, sus trapos sucios (y en todo matrimonio que se rompe, los hay) al aire, la sospecha de sus vecinos, de su familia, de todo el mundo.
Y la niña no sé dónde estará, si estará en un hogar de acogida o la habrán devuelto a su casa con sus padres, que a pesar de lo que ha hecho tendrán que recibirla y tratarla con guante de seda, no vaya a interpretarse como una represalia o un acto más de violencia.
Menos mal que LP no lee aún, a ver si va a coger ideas y me va a denunciar ante la policía por retenerla en "El Rincón de Pensar" hasta que se le pasan los berrinches. Ya cualquier cosa.
Y menos mal que mis alumnos no leen tampoco (aunque en teoría sí saben, y en algunos casos yo tengo mis dudas), a ver si van a coger ideas y me van a denunciar por retenerlos aún unos minutos en el aula cuando suena el timbre del recreo.
A veces pienso que nos hemos vuelto todos locos.

sábado, 3 de marzo de 2012

La invención de Hugo (lo hemos vuelto a hacer, yupi)

Hoy (veo, la hora, mejor dicho, ayer) hemos comido en casa de mis suegros y mis cuñadas.
Aclaro las circunstancias familiares:  MM tiene dos hermanas mayores solteras, que viven con sus padres (son ya viejucos y no pueden estar solos) y que adoran los niños. Supongo que han asumido que ya no van a tener hijos propios y se vuelcan con las sobrinas. 
Porque también tiene MM otra hermana casada con una niña de 5 años, la única prima de LP, pero que vive en una comunidad autónoma limítrofe. Suele venir cada dos o tres semanas y entonces nos juntamos todos a comer en casa de mis suegros. Fin del inciso.
Pues eso, que fuimos para allá. Lo que nadie más que nosotros dos sabía es que teníamos la intención de ir al cine por la tarde. Así que con absoluta premeditación y alevosía, sólo le faltó la nocturnidad, a eso de las seis MM se levantó de la mesa donde mantenía despiertos a sus padres jugando un tute y dijo:
- Oye, ¿os quedáis con LP y Rhiannon y yo nos vamos al cine?
- No os preocupéis, - le apoyé yo- volvemos después de que la deis de cenar y nos la llevamos a dormir a casa.
Su hermana mayor le miró bien para ver si estaba de coña o iba en serio:
- O sea, que nos la dejáis... -parecía que no se lo acababa de creer.
- Bueno, está tan bien jugando con la prima que no os va a dar trabajo casi.
- Nada, luego a las nueve o así que cene... sin romperos la cabeza, lo que vayáis a cenar vosotros...
Y todos felices: las tías tenían en casa a las dos sobrinas; las dos niñas felices jugando juntas (la verdad es que a pesar de la diferencia de edad, se llevan estupendamente); los abuelitos con la casa llena de gente; y nosotros al cine. La única que no disfrutó tanto fue mi cuñada la casada, porque está un poco pachucha y quería irse a casa a descansar... pero su hija no quería irse a casa mientras estuviera allí La Peque.
Después de la peli fuimos a buscarla y ya nos contaron que habían estado jugando y riendo sin parar y que las dos niñas habían cenado muy bien (doblemente sorprendente, porque la prima come fatal y a LP, aunque come muy bien, no le gusta la tortilla, que es precisamente lo que le pusieron). LP estaba agotada, ya se veía. Se quedó dormida en el coche y de ahí a su cunita. Ni se la oye.

Así pude ver una de las películas que más me apetecían de esta temporada, La invención de Hugo. Y no es una película que se pueda ver en casa o en el cine, indistintamente. No. Es una película de sala de cine y 3D. No podría explicarlo sin destripar la película, pero el propio formato es parte de la historia, es una de las elecciones más acertadas en un film lleno de aciertos. Desde el reparto (¡qué lujo de actores con sólo unas líneas y unos minutos: Christopher Lee, Jude Law, Emily Mortimer...!¡y qué actorazos los dos niños!), hasta la banda sonora inspiradísima de Howard Shore, pasando por los ambientes, los escenarios, la propia ciudad de París... Y por supuesto, una buena historia, bien escrita y muy bien dirigida por Martin Scorsese.
Es curioso que un director como Scorsese haya decidido dirigir una historia basada en un cuento para niños, y además en 3D. Parece ser que él mismo ha declarado que fue una petición de su hija pequeña... pero no me lo creo. Creo que Scorsese quiso filmar una declaración de amor al Cine, quiso homenajear los orígenes de su profesión y quiso jugar con el espectador, contándole la historia que él quiere contar y no la que el espectador cree que ha ido a ver.
Por que sí, es cierto, Hugo es una película para niños hasta 99 años, que saben ver más allá de las aventuras y desventuras de un pobre huérfano y que lo mismo son capaces de reír y llorar en un cine como de perderse tras montañas de libros. No sé si los niños menores de edad (en teoría, sus destinatarios -o quizá no-) realmente disfrutarían con esta película: tal vez sí, aunque hay muchas cosas que no podrían entender en ese momento, tantas referencias y tantos temas sugeridos que sólo se descubren (y disfrutan) de verdad después de vistos muchos metros de película y de muchas páginas leídas.
No voy a resumir el argumento, creo que es mejor ir a verla sin ideas preconcebidas y que la historia se nos vaya revelando poco a poco, minuto a minuto. Sólo os puedo recomendar que vayáis a verla.
Y si no os gusta, es que estáis muertos por dentro. Mayormente.

sábado, 25 de febrero de 2012

Casi un año... y se acabó

Ya os había hablado de mi viaje fallido a Munich a finales del 2010, de lo duro que fue aquel año y como unos sinvergüenzas trabajadores defendiendo sus derechos de manera chapucera y egoísta perfectamente comprensible me jodieron las vacaciones soñadas obligaron a aplazar indefinidamente mis planes. También os conté que el aparthotel que tenía contratado decidió, en cumplimiento estricto de las condiciones de reserva, cobrarme el 80% de la estancia que no disfruté y que reclamé a AENA el importe de esa factura.
También os hablé de la extensa respuesta en 22 páginas; todo palabrería que se podría resumir en tres palabras: AJO Y AGUA.
Pues bien.
Como ya en la época en que trabajaba en una empresa privada que tenía un director de recursos humanos muy listo y muy cabrón (no siempre trabajé en esto de la tiza) me hice de Legálitas, éstos me pusieron en contacto con un abogado para ver si presentábamos un recurso contencioso-administrativo, creo que se dice así. El abogado, cuando nos reunimos, me lo explicó muy claramente: iba a ser largo, caro y muy difícil de ganar, porque AENA argumenta que fue un caso de fuerza mayor, que la huelga encubierta de controladores no se pudo prever y que ellos actuaron con la mayor premura. Incluso, la jurisprudencia les beneficia. Además, en letra pequeñita, se especifica que el recurso ha de presentarse en los juzgados de Madrid, lo que hace todo más difícil y más caro. La broma, en mi ciudad de provincias, me saldría por unos 500€; en Madrid, por bastante más.
La factura del hotel asciende a 176€.
El saldo de mi cuenta corriente ronda los 1000€.
Hasta aquí ha llegado mi lucha contra los molinos. No me quedan ni fuerzas ni dinero para más. Ellos ganan. Se acabó. Lo habéis logrado: me rindo.
Creo que cuando toque renovar la cuota de Legálitas me voy a borrar. Puedo dar un uso mejor a ese dinero.
La justicia es cara, y claramente sólo está al alcance de los que tienen tiempo y medios. Los demás nos comemos nuestra rabia y nuestra impotencia y damos un uso útil a una factura inútil: dejaré que mi hija pinte en el reverso con sus lápices de colores.
Desde que por su cumpleaños le regalamos un pez llamado Pepe, le ha dado por pintar muchos "Pepes". Y casi casi se reconoce la forma.
Pues eso, que pinte un bonito pez naranja. El pez más caro del mundo: costó 176€ y mis derechos.


Este es Pepe. Y aunque parezca mentira, ha sobrevivido casi dos meses a los ataques de amor de su dueña de dos años. No le daba yo dos semanas y mira tú...


P.S. Disculpad de nuevo mi vocabulario. Como veis, esta gentuza saca lo peor de mí. 

martes, 21 de febrero de 2012

Los descendientes

El otro día fui al cine. Ni me lo creía. Es un hecho tan sorprendente, casi milagroso, que antes de nada voy a contaros cómo sucedió.
Un sábado por la tarde vinieron mis suegros y mis dos cuñadas solteras a merendar (chocolate y canelbullar, que no se diga que no cuido a mi familia política). Cuando se marchaban, hicieron su broma habitual: coger a La Peque en brazos (que estaba en pijama y bata, claro) y decir: "Anda, Peque, di adiós a Papá y Mamá, que te vas con las tías". Hay que decir en honor a mis cuñadas que, tendrán sus cosas, pero les encantan los niños y adoran a LP.
No sé qué se me cruzó por la cabeza, posiblemente lo cansada que estaba o comprobar hasta dónde seguían la broma, que ni corta ni perezosa, cogí la bolsa con sus cosas y se la di a mi cuñada: "Hale, me la traéis mañana por la tarde, ¿eh?". Mi cuñada insiste y dice que se la lleva. MM se une a la broma y le alarga unos cuantos pañales más por si acaso. Así estuvimos envidando más hasta que de verdad se la llevaron: acabamos poniéndole el abriguito encima del pijama y quedamos en recogerla antes de comer. Y ella encantada. Ella, que un par de horas antes me había montado un pollo porque salí a hacer un recadito (comprar más azúcar) y la dejé en casa con su padre. Pues nada, la cabrita de mi hija no llora cuando es ella la que se va...
De manera que nos quedamos MM y yo solos, en casa, sin saber qué hacer con ese ocio inesperado. Así que nos vestimos y nos fuimos al cine. Nos pusimos hasta arriba de palomitas y cocacola y vimos la peli que yo me moría de ganas por ver: Los descendientes.
Los descendientes nos presenta un momento especialmente difícil en la vida de Matt King (George Clooney): por un lado, su esposa ha sufrido un accidente y se encuentra en coma; por otro, como administrador único de una fabulosa propiedad en Kauai, ha de tomar una decisión acerca del futuro de esas tierras y también de la propia isla. Se verá obligado a comunicarse por fin con sus hijas e incluso con su esposa, quizá precisamente ahora que ya no puede escucharle, y a comprender qué significa la familia, tanto en su mínima expresión (mujer, padres, hijos) como la familia extensa (primos, ascendientes y descendientes), al tiempo que descubre cosas sobre su esposa y sobre sí mismo que ignoraba.
Pues bien, este planteamiento que podría ser adecuado para uno de esos dramones que ponen en la tele los fines de semana para echar la siesta, se convierte en manos del director, Alexander Payne (¿recordáis Entre copas?), en un retrato ácido pero comprensivo, sincero pero exquisito de las relaciones de familia. No cae en  la trampa de la lágrima fácil, aunque lógicamente hay momentos conmovedores, porque no le hace falta: desde el principio comprendemos perfectamente a ese hombre superado por los acontecimientos e incluso sentimos simpatía por su hija mayor, en plena adolescencia rebelde. Me gustaría destacar aquí la capacidad del director para introducirnos en la película de tal manera que en más de una ocasión sentí cierta incomodidad, como si estuviera verdaderamente espiando, observando sin ser vista momentos muy íntimos.
Todo esto sería imposible sin la interpretación de George Clooney, una estrella que a los cinco minutos de película nos hace olvidarnos de que es una estrella; su Matt King es un hombre desbordado a veces, roto, lleno de dudas y con una mirada que refleja el amor, el dolor, la ira y, por fin, el perdón. Mientras escribo esto, me vuelvo a emocionar. 
Es bueno que una película con la que te has divertido (porque divierte, de verdad, te hace reír y llorar) y con la que en momentos te identificas, después de un tiempo te siga haciendo pensar. Aún le sigo dando vueltas a ideas que me surgieron en la sala de cine y que relaciono con el título de la película: cómo todos somos descendientes, tenemos una historia familiar que está ahí y que nos ha marcado, para bien o para mal, y de igual manera, nosotros dejaremos una herencia a los que vendrán. Los descendientes no son necesariamente los hijos biológicos, sino que es mucho más. Que cada uno saque sus conclusiones.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Canelbullar (si es que cuando me pongo, me pongo) - EDITADO

Tenía hace ya tiempo ganas de hacer estos rollos de canela suecos. No soy golosa, pero de vez en cuando me da el punto. Además, gracias a las recetas de mi paisana Maria José, le he perdido el miedo a las masas y a la repostería. Me explico: la cocina se me da bien, pero siempre me ha costado horrores seguir una receta al pie de la letra, supongo que soy demasiado anárquica. Mis primeras experiencias con la repostería han sido un cúmulo de fracasos y alguna mediocridad, excepto el archiconocido bizcocho del yogur, que sale siempre bien. Bueno, como yo no como mucho dulce, tampoco me ha importado nunca demasiado.
Siempre me han gustado los programas de cocina y cuando empecé yo misma mis experiencias en la blogosfera descubrí los blogs de recetas. Es sorprendente la cantidad de gente que se dedica a publicar sus recetas de cocina en internet. Y es sorprendente la cara dura que tienen muchos de ellos que se limitan a copiar las recetas de otros, fotos incluidas, sin citar la fuente ni aportar nada. Vamos, lo que toda la vida se llamó plagio.
Un día llegué a la cocina de María José: olía delicioso y eché un vistazo. Y me enganché: simplemente disfruto leyendo sus entradas donde desgrana recetas y recuerdos, y donde habla de sabores y olores con un arte que parece que te lo comes sólo con mirarlo. Incluso comidas que no te gustan. He probado varias de sus recetas y salen todas bien (no es algo tan habitual). Me lancé a hacer el pan de leche y fue un éxito, así que le fui perdiendo el miedo a la repostería y he ampliado mucho mi repertorio. Ni os cuento las pastas de mantequilla cómo me salen...
El sábado, con la complicidad de MM que echó un ojo a LP (si no, no hay quien cocine en esta casa) me lancé a hacer Canelbullar, o rollitos de canela hablando en cristiano. Adapté varias recetas y me estudié un video (en sueco, claro) de Youtube para observar el punto de la masa, el tamaño de los rollos, etc.
Y me salió. Me salió tan bien que ya estoy pensando cuándo repetir. Lo único que necesito, además de tiempo, es encontrar un sitio aquí en mi pequeña capital de provincias donde encontrar perlas de azúcar. Echaré un vistazo en El Corte Inglés, a ver si hay suerte. Es que a mí me sacas del Carrefour y el Mercadona y estoy perdida.
Probadlo, es sorprendentemente fácil y espectacularmente delicioso. Os pongo aquí mi receta y una foto de cómo quedaron. No me lo he currado tanto como María José y no he sacado fotos de los distintos momentos de la elaboración, pero esto no pretende ser un blog de cocina ni yo soy tan buena como ella. Os invito a todos a probarlo y se lo dedico especialmente a María José, por los buenos momentos en la mesa que le debo. Qué menos.


Rollitos de canela (Canelbullar)
Ingredientes:
Para la masa:
150 gr. de mantequilla
500 ml. de leche
50 gr. de levadura fresca
80 gr. de azúcar
1/2 cucharada de sal
850 gr. de harina

Para el relleno:
200 gr. de mantequilla
70 gr. de azúcar
2 cucharadas de canela

Para el glaseado:
1 huevo batido
2 cucharadas de mantequilla
1 cucharada de leche
perlas de azúcar

Elaboración:
Deshacer la levadura y disolver en un poco de leche.
Derretir la mantequilla en un cazo. Añadir el resto de la leche y dejar templar hasta 37º.
Mezclar la leche con la levadura disuelta, la sal y el azúcar. Añadir el harina y amasar hasta obtener una masa homogénea y manejable.
Dejar en un bol y tapar con un trapo húmedo. Dejar levar media hora.
Amasar de nuevo la masa. Extender con ayuda de un rodillo (si es necesario, dividir la masa en dos para hacerla más manejable) y formar un rectángulo.
Hacer una mezcla con la mantequilla, el azúcar y la canela. Extender sobre la masa con ayuda de un cuchillo.
Enrollar la masa untada y cortar los rollitos. Colocar en la bandeja del horno, cubierta por papel de hornear, y aplastar con ayuda de otra bandeja. Dejar levar una hora más.
Mezclar el huevo, la mantequilla derretida y la leche y barnizar los rollitos con este barniz. Espolvorear con perlas de azúcar (o azúcar normal, si no se encuentran las perlas). Hornear a 250º durante 9 minutos.

P.S.: MM me lleva dando la barrila desde el sábado para que le pase esta receta a María José. Dice que es justo que, ya que yo he aprendido tanto de ella, comparta ahora mi receta. Y que seguro que ella la publica y la mejora. Así que aunque hoy quería contaros otras cosas, he de cumplir mi promesa; yo también pienso que es justo. Ay, creo que si un día MM conociera en persona a María José, le daría un abrazo y un par de besos. ¡Está encantado con sus recetas!

NOTA IMPORTANTE: Hoy he vuelto a hacer los rollitos, con la mitad de las cantidades, para que me salieran menos. Y resulta que aunque he puesto un poco más de azúcar, la masa ha quedado poco dulce. Os aviso para que aumentéis la cantidad, para que no quede sosete.